Cuando las ideas sobran

El concurso 5 Ideas para el Centro Histórico de Lima consistía en diseñar proyectos de intervención en cinco casonas del corazón del Centro Histórico de Lima y Barrios Altos. Así, el postulante debía elegir entre el antiguo cuartel Santa Catalina, el Buque Monserrate, El Buque, la Casa Junín y la del jirón Huánuco. Aquí, la experiencia del ganador de esta última.

¿Cómo te decidiste por la Casa Huánuco?
En realidad, participé en dos más: en la Casa Junín obtuve mención honrosa y en el Buque Monserrate, nada. Pero si me hubiera alcanzado el tiempo, hubiera trabajado todas porque se trataba de un concurso atractivo, más allá del premio económico.

¿Cuál fue la finalidad de tu proyecto?
La idea era conservar lo valioso del patrimonio histórico de la casa y plantear una estrategia más parecida a la de un cirujano, en la cual se sacan algunas partes que están fallando y se insertan nuevas que hagan que el edificio funcione mejor. En este caso, el problema principal lo constituían las condiciones deplorables en las que viven los habitantes. Por ello, lo primero que se resolvió fue que cada familia contara con los servicios básicos, manteniendo el número de residentes por unidad de vivienda.

El tamaño de estas unidades es realmente pequeño…
Sí, estas constan de un dormitorio, cocina y servicios higiénicos. A partir de eso hay módulos que son más o menos grandes, pero que en general responden a las necesidades primarias. Con el planteamiento llegamos a 26 unidades. El concurso planteaba algo menos que esas, además, en sus bases te daban ciertas limitaciones de altura, espacio y respeto del área de patrimonio del proyecto. Dentro de esos parámetros había que tratar de dar lo mejor.

¿Qué otros elementos puedes destacar del proyecto?
Adicioné la fabricación de una celosía artesanal hecha en PVC. La idea es que esta pueda ser hecha por los mismos inquilinos. Están también los jardines verticales ya que la gente en este tipo de viviendas, pese a que no tiene agua, hace el esfuerzo por tener un macetero aunque sea. Asimismo, hay temas de tipología arquitectónica como el uso de las teatinas y espacios comunes como la lavandería.

Ahora el reto está en hacer realidad este proyecto…
Si bien es un concurso de ideas, espero que las que resultaron ganadoras puedan tomarse en serio para ser realizadas. Aunque parezca contradictorio, lo más fácil es hacer el concurso, lo difícil es lograr que las instituciones se pongan de acuerdo para invertir tiempo y dinero en esto.

¿Qué mensaje te deja esta experiencia?
Algo que reflejó el concurso es que hay mucha gente joven, que está por debajo de los 30 años, interesada en involucrarse en el rescate y reciclaje de edificaciones del Centro Histórico. Eso demuestra que hay un interés por parte de estos profesionales por hacer ciudad, porque creo que estos proyectos, de alguna manera, hacen eso. Es valioso tener tantas ideas –se han presentado más de 94 proyectos– de nacionales y extranjeros, hecho que confirma lo que siempre he pensado: que el arquitecto debería ser también un agente social y político que permita el crecimiento de la ciudad.

Fuente: El Comercio – 09.02.11